Epílogo: un final y un comienzo

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Epílogo: un final y un comienzo

Mensaje por Karuel Yanger el Miér Ene 11, 2017 11:43 am

Epílogo

Las repercusiones después de la batalla fueron enormes, el nigromante que había atacado Calir Damar años antes, resultó ser el Lich que derroté. Por fin nos habíamos librado de la amenaza que tanto daña nos había causado. Sin embargo, el costo en vidas había sido demasiado grande, un sentimiento extraño de desasosiego me envolvía después de sentir la presencia de Innos, luchar contra demonios y, que un Arconte me hablara. A pesar de conseguir la victoria me sentía vacío, había acabado con el mal que me dejó sin padre, una parte de mí había muerto irremediablemente con mi enemigo.

Zahezus me felicitó antes de irse, me proporcionó una medalla grabada con dos círculos concéntricos semejantes a eslabones entrelazados de una cadena y en el centro el símbolo del infinito.

- Es el emblema de nuestra orden: La Liga del Círculo Sellado. Si alguna vez lo necesitas, podrás acudir a nosotros, incluso llegado el caso, sí lo deseas y el consejo te acepta, podrás ser miembro de ella – me reveló, en confianza.
Todos me dieron las gracias varias veces, mis compañeros me miraban diferente, como si estuvieran contemplando a un santo obrando milagros. Era bastante incómodo.

En Calir Damar nos recibieron con aplausos y pétalos de flores. Parecía que hubiésemos ganado una guerra. Me daba la impresión de estar viviendo en un mundo irreal. Hubo una gran ceremonia de conmemoración en el palacio, para nuestra gloria y boato. Arkanthus y yo más prosaicos preferimos, disimuladamente escaparnos cuando tuvimos la oprtunidad.
En otro acto más privado me condecoraron en presencia de los máximos representantes de las tres órdenes. Me concedieron la mayor distinción posible para un paladín: Protector Supremo de Innos. En la historia del templo de Calir Damar sólo habían existido un paladín que llegara a obtener tal recompensa. Un orgullo altivo se reflejaba en los altos paladines, supongo que tener un elegido de Innos era motivo de una excelsa y justa suficiencia.

Lo único positivo de aquella ceremonia ostentosa fue ver a mi hermana melliza realmente emocionada. Su admiración era para mí la mejor satisfacción. Cuando todo hubo terminado, se acercó a mí y me dio el abrazo más reconfortante que he sentido que, era sin duda lo que, necesitaba.

Visité a mi madre y mi hermano, se habían enterado de las noticias que corrían como corren los rumores: a una velocidad inusitada. Mi madre, me abrazó, llorando de alegría. Mi hermano, estrenando paternidad, con su mirada emotiva cargada de sentimientos me lo dijo todo sin mediar palabra.

-He vengado a Padre, por fin descansará en paz, él y todos nosotros. Sobre todo, tú madre. Ahora no tendrás que temer por tú pequeño retoño, hermano. El mal ha sido erradicado – dije a mi familia.

Mi vida se volvió tediosa por semanas, las tareas rutinarias no eran para mí, acostumbrado como estaba a que, la acción llenara mi vida. Bajaba al puerto cada vez que un nuevo barco atracaba en el puerto, ávido de escuchar sus noticias, hasta que me enteré de que en Nemar, una tierra lejana allende del mar, existía una zona controlada por el mal. No lo pensé dos veces, me embarque y cruce el océano hasta llegar a sus costas en busca de nuevos retos.
Temblad, criaturas del mal, pues Adjantis el Protector os dará caza sin piedad.

Karuel Yanger

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