Aventuras en Nemar: Exordio ( sobre como hice amistad con un portento)

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Aventuras en Nemar: Exordio ( sobre como hice amistad con un portento)

Mensaje por Karuel Yanger el Sáb Jun 03, 2017 11:23 am

Exordio (Sobre como hice amistad con un portento)


La taberna estada atestada de rufianes busca pleitos. Era un recién llegado a las costas de Nemar y me apetecía un plato de estofado caliente y una buena jarra de cerveza después de un viaje tan largo, comiendo arenques y carne en salazón.
Las torvas miradas de soslayo cayeron sobre mi cuando atravesé el umbral de la taberna del puerto. Había tenido la precaución de no decir mi oficio y de tapar o esconder mis emblemas. Los granujas que regentaban el local mostraron sus hoscos semblantes a mi paso.
Pedí comida y bebida para dos y di buena cuenta de ella sintiéndome observado.

- He visto que la guardia ofrece una recompensa por un ladrón, ¿quién es el personaje? - me dirigí al posadero

- Mejor que no te cruces en su camino, muchacho, si quieres seguir de una pieza - me respondió el maloliente posadero.

- ¿Sabes dónde encontrarle? – insistí.

- No es de la clase de personas que buscas, más bien de las que te encuentra - todos rieron la chanza.

Mi rictus pétreo le intimidó, no estaba para juegos.

- Aquí las noticias corren como el viento, seguramente té encontrara cuando menos lo esperes, si tantas ganas tienes de problemas los tendrás - me auguró.

Pagué y salí hacia la pensión donde iba a pasar la noche.
Cuchicheos sobre lo insensato y temerario que era y miradas de desaprobación me acompañaron hasta la puerta.
No iba desarmado ni despistado y no tuve que esperar mucho antes de captar una sombra fugaz.
Cómo es normal, el primer encuentro con un individuo buscado por la ley, acusado de ladrón entre otras cosas, no iba a ser amistoso.

Varias dagas silbaron en la quietud nocturna, me agaché a tiempo.

El chasquido de una ballesta rasgó el silencio.

Rodé por el suelo, el venablo se incrustó con un ruido sordo en la madera.
Me incorporé y la punta de un sable destellaba, entre reflejos bajo la luz de la luna, amenazando mi yugular.
De mi cuello colgaba el anillo de la daga y la ganzúa símbolo de los ladrones que, Raklesh me había dado en pago por los servicios de mi padre.
El filo se movió de mi cuello y cortó el cordel, el anillo cayó. Con una destreza sin parangón la oscura figura enganchó el anillo con la punta del arma y voló para atraparlo con la otra mano. Sin dejar de amenazar más de un segundo mi garganta.

Examinó el anillo.

- ¿De dónde ha sacado esto? - su voz sonó fría como el acero que empuñaba

- Raklesh, jefe cofrade de Calir Damar, me lo dio- expliqué.

- Ya veremos, levanta, así que me buscabas- dijo con su tono gélido como un témpano de hielo.

- Si, gracias por dejarme vivir - respondí totalmente convencido de que me había perdonado la vida.

- Eso todavía no es seguro, depende de tus futuras respuestas ... y acciones - aseguró sin atisbo de piedad con su glacial voz.

Caminé, siguiéndole a duras penas, decir que su agilidad y sigilo eran incomparables sería quedarse corto.

- Dicen que eres el mejor ladrón de toda Nemar - intenté empezar una conversación

Sin esperarlo el punzante vértice de una daga en mi tráquea me obligó a ponerme de puntillas.

- Jamás vuelvas a insultarme si quieres vivir, no soy un vulgar ratero - me advirtió-; Yo danzo con las sombras- zanjó sin lugar a discusión o réplica posible de aquí a la eternidad.

Así comenzó mi amistad con "El Danzarín Sombrío" cuya lista de cualidades y adjetivos sería tan larga que no tendría fin.




Karuel Yanger

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